La “Bendición de Dios” que cultiva Rosibel Benavidez
Rosibel Benavidez y su esposo, Daniel Rodríguez, tienen en la comunidad El Porvenir, Siuna en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte (RACCN) de Nicaragua, su finca que se llama “Bendición de Dios”. Con este nombre quieren reflejar el agradecimiento que la familia tiene a los frutos que brotan de su tierra.
Rosibel Benavidez, de 37 años de edad, tiene cinco hijos y ha experimentado un cambio radical en su forma de vida en los últimos ocho años, pasando de apoyar a su esposo en actividades agrícolas y ganaderas, a convertirse en una destacada productora de cacao, líder comunitaria y miembro de la directiva de la cooperativa COPESIUNA, un espacio tradicionalmente dominado por hombres.
Sus hijos tienen actualmente 21, 18, 16, 9 y 5 años. «Uno está en tercer año, otro en segundo año y dos en primaria, y ahí están los uniformes y los cuadernos de los chavalos… con el cacao», comparte Rosibel.
La finca «Bendición de Dios» tiene tres manzanas y media (2.46 ha) de tierra con sistemas agroforestales de cacao, en la comunidad El Porvenir, Sector 2, en Siuna.
Al principio le fue difícil integrarse como socia por el cuido de los niños pequeños. Recuerda que lo platicó con su pareja y este le dijo: “Si usted quiere trabajar ¡para adelante!”
Sin embargo, integrarse a la producción de cacao y convertirse en una líder comunal ha significado para Rosibel reorganizar el sistema tradicional de vida que conocía en el campo.
“Tengo que echarle ganas”, se dijo a sí misma hace tres años cuando la eligieron en el cargo de vocal de la directiva
de la cooperativa que es socia.
Para llegar hasta donde está, tiene que hacer más de lo que un hombre hace. Se levanta a las tres de la mañana para dejar hechas las cosas de la casa y alistar a las niñas para que vayan a la escuela. Luego, ella misma debe alistarse para tomar un bus y llegar a tiempo a las reuniones o actividades, contando con el apoyo de su esposo e hijos mayores, que ahora se involucran en el cuido de las hermanitas menores.
Quienes conocieron a la Rosibel de hace ocho años, la recuerdan callada. Poco a poco, con actividades de gobernanza, se ha fortalecido su liderazgo y ahora tiene un rol más activo, toma decisiones y lidera actividades que se desarrollen en la cooperativa.
En las ocho cooperativas cacaoteras apoyadas por el proyecto PROCACAO y ahora con NICACAO, veinte y dos mujeres participan en órganos de dirección, entre ellas Rosibel. Las directivas de las cooperativas han sido fortalecidas por los proyectos con la elaboración de Planes Operativos Anuales y Planes Estratégicos.
Su incorporación en el cacao
Rosibel recuerda cómo hace ocho años, ella y su familia vendieron su propiedad y el ganado para comprar una parcela de cacao. Al principio le daba pena vender cacao porque no tenía experiencia en su cultivo. «No sabíamos qué era podar, ni calar, ni qué se le podía echar al árbol, solo veíamos la monilia y no sabíamos qué hacer al respecto».
Antes vivían en la comunidad de Toboba, de Siuna, y luego compraron en El Provenir, donde tenían tres manzanas (2.11 ha) de cacao.
Unas vecinas le sugirieron que lo secara y vendiera, y así empezó a trabajar y limpiar cacao con la ayuda de sus hijos adolescentes. Con el tiempo, la invitaron a ingresar a la cooperativa COPESIUNA y su esposo la motivó a unirse.
Cuando comenzaron a encalar y podar, notaron una mejora significativa en la producción de cacao. «Me alegraba ver más cacao y obtener ingresos adicionales», dice Rosibel. “Me alegraba más donde miraba los rialitos, de donde sacaba el jabón y el azúcar”.
Los técnicos de COPESIUNA y PROCACAO visitaron a la familia en la “Bendición de Dios” y les dieron capacitación sobre la elaboración de abono, manejo del cacao y técnicas de poda, lo que les permitió aumentar su producción de cacao. Actualmente, Rosibel entrega entre 200 y 300 libras de cacao en baba cada quince días, en comparación con las 30 a 50 libras que entregaba antes.
Gracias al apoyo de la cooperativa COPESIUNA y del proyecto PROCACAO, Rosibel ha logrado aumentar su producción y mejorar sus técnicas de cultivo, incluso incursionando en la injertación de cacao. Ahora, sus planes incluyen ampliar su área de cultivo y continuar aprendiendo y creciendo como productora y líder comunitaria.
“Para mí ha sido un gusto aprender de todo lo que no conocía, hablar con esos socios y decirles que hay que seguir, porque antes eran pocas las líneas de trabajo/iniciativas de la cooperativa. Pero en estos tres años se han logrado acciones como el abono, el trichoderma, y hay una comunicación”, señala. “Y me dicen: Ella sabe, porque ella va a la cooperativa”.
El apoyo del proyecto PROCACAO fue una bendición, dice. El equipo técnico se involucró en el empoderamiento de
las mujeres, apoyó a las mujeres, a los técnicos, socios y líderes, con injertación y con pago de trabajadores. 
“NICACAO viene con el mismo sueño, para que todos los socios salgamos adelante. Ellos están dando a poyo. Están dando para las bolsas para hacer vivero y es un sueño más adelante”, añade.
Al finalizar, el proyecto PROCACAO logró la integración de mujeres en la producción de cacao: de los 1,401 productores, 207 son mujeres.
“Me preguntan: ¿Cómo haces? “Cuando uno tiene amor para trabajar en una organización hay que echarle ganas, les digo”, concluye Rosibel.
PROCACAO fue implementado desde 2015 hasta 2023. La Fase I fue ejecutada por el Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa (MEFCCA) de 2015 a 2017. La Fase II de 2018 a 2023, fue implementada por ONUDI, con el MEFCCA como contraparte nacional. La Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) financió las dos fases del proyecto.
NICACAO, inició en 2023, es implementado por ONUDI, con el MEFCCA como contraparte nacional con el financiamiento de la Unión Europea.
- Redacción: Judit Vanegas, j.vanegasferrey@unido.org
- Más información: Ernesto Bendaña, e.bendana@unido.org









