Un modelo familiar en la cadena de valor del cacao
En lo profundo del municipio de Bonanza, en la comunidad de Las Colinas, una familia ha encontrado en el cacao una fuente de ingresos y un motor de desarrollo comunitario. Lester Francisco Barrera Díaz y su esposa Teodora Aurora Suárez Flores, de 33 y 30 años respectivamente, han convertido su finca en un ejemplo de producción sostenible y trabajo en equipo.
Lester, además de ser un productor de cacao comprometido, es líder comunitario y parte de un grupo de prestadores de servicios en su región. Su incursión en el sector comenzó con la primera fase de PROCACAO, cuando estableció su primera manzana de cacao policlonal. Con esfuerzo y dedicación, ha logrado establecer media manzana más en 2024 y se ha fijado la meta de alcanzar tres manzanas productivas en 2025.
Pero el cacao no es el único sustento de la familia. Su sistema agroforestal (SAF) les proporciona ingresos adicionales a través de cultivos como el plátano y el banano.
Además, en un acto de solidaridad con su comunidad, Lester y Teodora donan material genético a otros productores, fortaleciendo la cadena de valor del cacao en Bonanza y promoviendo una cultura de cooperación entre agricultores.
Más allá del trabajo en la finca, esta pareja tiene un proyecto aún más grande: su familia. Junto a sus dos hijos, una niña y un niño, han demostrado que el cacao no sólo se cultiva en el campo, sino también en el hogar, con valores de esfuerzo, unión y esperanza en un futuro próspero para todas las familias productoras de la región.
Su historia es un testimonio de cómo el cacao puede transformar vidas cuando se trabaja con dedicación, conocimiento y espíritu comunitario.
“Al inicio no creíamos, pero gracias al cacao ahora tenemos ingresos para la estabilidad de la familia”, indica Lester









